Estafados, antes de poder regresar a Venezuela

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    En febrero de este año, Alejandra Pinto Acacio llegó a Bogotá. Dejó en Valencia (Venezuela) a quienes más ama: Arianna Álvarez, su hija de 8 años, y Leonardo Álvarez, su hijo de 6. Con su esposo tenían la ilusión de trabajar y enviarles dinero, y así lo hicieron por un tiempo. Consiguieron una carreta y salieron a las calles a vender accesorios para celulares.

    Pero en un mes todo se desmoronó. La pandemia del covid-19 llegó al país, se decretó el aislamiento preventivo obligatorio en la capital y, con este, el fin de sus ilusiones.

    Migrantes venezolanos en Colombia, llegan por el puente internacional Simon Bolivar. Foto: Esteban Vega la-Rotta. Febrero 8 de 2018

    Desde el primer día de cuarentena no pudieron recoger los 18.000 pesos diarios que debían pagar por la habitación, ubicada en el barrio Santa Fe, centro de la ciudad. Al estar en esta situación empezaron a buscar la forma de regresar a su país, donde está su familia.

    Se fueron a vivir a la casa de un primo, duermen en el suelo y no pocas veces pasan hambre. Ya no pueden salir a trabajar ni pensar en ayudar a su familia en el país vecino. Alejandra es una de los miles de personas que quieren hacer el camino de vuelta. “Venezuela está peor, pero aquí se pagan arriendo y servicios, y, a pesar de la situación que hay allá, no tendremos que pagar nada de eso y podemos estar con nuestros hijos y familia”, dice.

    La pandemia ha sido un factor esencial en el cambio del flujo de la migración, si bien muchos advierten que puede tratarse de un fenómeno temporal. “Hay un grupo importante de venezolanos que está en un alto grado de vulnerabilidad, en trabajos informales, lo cual les impide cumplir con la cuarentena. Ante esa situación se están devolviendo”, señala María Clara Robayo, investigadora del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.

    Los pasos para retornar parecen sencillos: les basta con buscar un policía y decirle que quieren volver a su país. Ese policía debe comunicarse con Migración Colombia, que se contactará con los migrantes para programar el viaje en bus hasta la frontera. Pero la realidad, como lo demuestran los centenares de venezolanos varados en varios puntos del país que siguen esperando ese transporte, es mucho más compleja.

    Juan Francisco Espinosa, director de Migración Colombia, asegura que una de las dificultades es que Venezuela limitó el número de retornados diarios. “Restringieron el ingreso de sus connacionales por Arauca a solo tres días en la semana: lunes, miércoles y viernes. Y teníamos un cupo de 300 personas por día y ahora solo reciben a 100”. En Norte de Santander sucede algo similar: solo permiten el paso tres días a la semana por el puente internacional Simón Bolívar. Ha habido días en los que solo han recibido a 80 migrantes y esa es la razón por la que varios municipios colombianos de la frontera están viviendo hoy una especie de trancón de venezolanos.

    El puente Simón Bolívar, en Norte de Santander, es el punto con retornos voluntarios. A la fecha, 57.296 venezolanos han vuelto a su país por este puesto de control migratorio; 11.850 lo han hecho por el puente José Antonio Páez (Arauca); 2.281 por Paraguachón (La Guajira); 35 por Inírida (Guainía) y 21 por Puerto Carreño (Vichada).

    De acuerdo con Migración, desde Bogotá salen siete buses diarios: cuatro hacia Norte de Santander y tres hacia Arauca. Alejandra asegura que ella aún no sabe cuándo volverá: “Lo único que nos dicen es que por ahora no hay viajes porque la frontera está cerrada”.

    Algunos se han aprovechado del desespero de los venezolanos que quieren volver. Alejandra y más de 100 personas fueron estafadas. A través de Facebook se contactaron con unas personas que les prometieron llevarlos a la frontera. “Según ellos, ya habían hecho dos viajes anteriores, dijeron que trabajaban con Migración”, cuenta.


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